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viernes, abril 16, 2004

 

Loca por sus huesos (1ª parte)

El suelo de madera crujía al ceder bajo cada paso de sus zapatos negros de tacón. Con pausada cadencia se movía por la bilbioteca, mirando los numerosos volúmenes que se amontonaban en los estantes. Mientras tanto, él se retorcía en el suelo presionando con las manos su abdomen, en un intento vano de evitar que la sangre continuara derramándose lentamente por el orificio que el Colt 45 había dejado.

- Por favor... deja de lloriquear. No va contigo. Tú... tú eres tan viril. Siempre tan bien arreglado, con tu sombrero deliberadamente calado de medio lado y bebiendo whisky mientras cuentas alguna de esas emociantes historias de tus expediciones.

- ¿Por... por qué? - acertó a balbucear sin levantar la frente del suelo.

Ella, con la mirada perdida en los libros y empleando un tono de voz suave, casi susurrante, pero cargado de desprecio, le contesto:

- ¿Por qué?. Quizá deberías mirar en alguno de tus libros la respuesta. Y si no viene, podrías embaucar al Decano de la facultad para que subvencionase otra de tus expediciones. ¿Acaso no dices siempre que las respuestas a los enigmas están fuera de las aulas, esperando a que alguien quite la tierra que los cobija? ¿No te hablan los huesos y las piedras? ¿O es que perdieron la voz?- Y mientras decía esto último, dejó el revolver sobre la mesa para tomar una pesada roca cuajada de cristales de cuarzo perfectamente transparentes, que se hicieron mil pedazos al dejarla caer al suelo.

- ¿Qúe le he hecho yo?

- ¡Cállate!, ¡cállate bastardo! ¿No sabes qué me has hecho? ¡Nada! Soy la que ha hecho posible que siempre tuvieras los pasajes de barco para zarpar rumbo a países que ni siquiera sé ubicar en el mapa. La que se ha ocupado de las cuentas, la que ha redactado cientos de cartas contando tus nuevos descubrimientos, la que ha hablado con la prensa para concertar tus entrevistas, la que ha organizado tus cenas con el resto de cerebritos para que todos supieran lo grande que eras, y tú no has hecho nada. ¿Me diste las gracias alguna vez?, ¿Me invitaste a cenar?, ¿Me pediste que te acompañara a la entrega de alguno de tus premios?... No, yo solo era la secretaria. ¿Y qué es lo que sí has hecho?: pedir en matrimonio a la hija del Decano...

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