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lunes, abril 26, 2004

 

Ponme otra (1ª parte)

Éste texto está dedicado a mi amigo Ramón. Gracias por todo socio.

- ¿Hay sitio para un borracho más o ya tienes el aforo completo? - preguntó asomando solo la cabeza en el interior del bar.

- Pues no sé... - contestó dubitatibo el camarero, que con los brazos apoyados en la barra inspeccionaba el desierto local como si buscara un hueco donde meterle.

- Creo que por uno más no va a pasar nada - dijo mientras atravesaba la puerta.

- Traes mala cara tio.

- Pues que sepas que esto - y señaló hacia su rostro mientras lo decía - es mi mejor sonrisa del día.

- ¡Coño! ¿ Y a qué debo semejante honor?

- Pues a que eres el mejor camarero de éste antro - contestó mientras se sentaba en uno de los taburetes que se alineaban marcialmente al lado de la barra.

- Eso sería un gran honor... si tú no fueras un capullo y yo no fuera el único camarero de este antro.

- Me alegra ver que al menos estamos de acuerdo en la denominación de antro.

- ¿Qué te sirvo?

- Ponme un trago de bourbon.

- ¿Bourbon?

- ¿Hay eco?

- No, es que las damiselas sofisticadas como tú no suelen pedirme eso.

- Bueno, hoy es un día tan bueno como otro cualquiera para empezar a beber bourbon, ¿no crees?.

- Amén

El camarero puso dos vasos con algo de hielo sobre sendos posavasos, se giró y escudriñó los estantes donde las botellas esperaban pacientes que las dieran un paseo hasta la barra. Tras unos segundos, su mano derecha estranguló una botella de Four Roses que pronto dio color al palido hielo.

- Tienes una máquina de discos nueva.

- Se nota que no vienes desde hace bastante.

- Pero si vine anteayer.

- ¿Lo ves? La trajeron ayer.

- ¿Y qué le paso a la otra?

- Nada. La empresa esta sustituyendo el otro modelo. Este tiene 200 canciones, más variedad dicen ellos, menos visitas para cambiar discos digo yo. Brindemos.

- Sí. Por los antros y por sus camareros.

- Y por los clientes que deciden empezar a beber bourbon un martes a las doce menos cuarto de la noche.

Los dos vaciaron de un trago los vasos y los posaron sonoramente en la barra.

- ¡Brrrrrrrrrr! ¡Joder! ¿Qué me has puesto? ¿ Líquido para desatrancar tuberías?

- Pobre nene. ¿Te pongo un zumito de piña mejor?

- No, ponme otro de estos y quita la televisión que voy a poner a prueba este diabólico invento de Satán - dijo mientras se acercaba a la máquina de discos.

- Hombre, variedad sí que tiene. Aunque a Bob Dylan se le retuerza el alma por compartir la misma máquina que Enrique Iglesias.

Sacó de su bolsillo unas monedas y las fue introduciendo en la ranura hasta que tuvo crédito suficiente para escuchar diez canciones. Después pulsó el botón de reproducción aleatoria diciendo "veamos qué sacas de tus tripas".

Regresó al taburete de la barra,se sentó y se dispuso a brindar de nuevo. Mientras elevaban los vasos comenzó a sonar Breaking up is hard to do, de Neil Sedaka.

- La madre que parió a la puta máquina - soltó Matt cerrando los ojos.

- ¿Qué pasa? ¿No te gustan los clásicos?

- Sí, pero éste... En fin, brindemos: por las despedidas.

- Por las despedidas - repitió Rob antes de engullir de nuevo el bourbon. - ¿Y de quién nos despedimos?

- De ella. Ponme otra.

- No es por meterme donde no me llaman, pero deberías haberte despedido hace tiempo, socio.

- Pues para no querer meterte donde no te llaman, lo haces de puta madre.

- Ya sabes que solo te cobro las copas, las puñaladas te las sirvo gratis.

- Sí, sí... lo sé. Dame de esos cacahuetes rancios que tienes, que quiero comprobar si la mierda esta me ha perforado ya el estómago.

- Si así fuera se te estaría escapando la mala leche por el agujero, y la sigues escupiendo por la boca - le dijo Rob sonriendo mientras le dejaba una bandeja de cacahuetes pelados junto a su copa.

- Lo siento, pero no estoy en mi mejor momento. Hace mucho que no lo estoy. Desde que se fue para ser exactos.

- A eso me refiero. Se fue y no has querido aceptarlo. Las cosas se acaban, es un hecho.

Los dos se callaron. Matt tenía la mirada perdida en el fondo del vaso y Rob contemplaba a su amigo cabizbajo. Le daba cien patadas verle así. Sobre todo cuando muchas noches tenía que pedirle que dejara de hacerle reir o tendrían que explicar al de la ambulancia por qué necesitaba un medico alguien que no paraba de emitir carcajadas.
El silencio se encargaron de romperlo The Skyliners cantando Since I don't have you.

continuará...

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