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lunes, mayo 03, 2004

 

Tiempo prestado (1ª parte)

La cuenta atrás comenzó cuando cortó el cable verde. Sin duda alguna se había tragado el cebo, puesto que en lugar de interrumpir el suministro eléctrico lo que había hecho era disparar el temporizador. Exactamente disponía de 4 minutos y 52 segundos para desactivar la bomba.

La fiambrera metálica era aproximadamente del tamaño de un ladrillo. A la izquierda, los segundos se escurrían de la pequeña pantalla de cristal liquido sacada de un reloj digital barato. Estaba fijada a un circuito impreso del que salían una maraña de cables, algunos de los cuales deberían ir conectados a las dos baterías de 4,5 voltios que alimentaban el sistema. Ante de que se disparara la cuenta atrás el Sargento Goodward de la Brigada de Artificieros de la Policía de San Francisco, había conseguido neutralizar la fuente energética principal, pero no vio que había un sistema auxiliar. La parte derecha de la fiambrera no era mucho mejor. Ahí estaba el explosivo plástico, parecido a la plastelina al tacto y tan inofensivo como esta siempre y cuando nada la detonase.

Cuidadosamente apartaba cables uno por uno viendo dónde nacían y qué conectaban. Muchos de ellos tenían como única misión molestar, hacer bulto para que los verdaderos protagonistas de la función pasaran desapercibidos. Mientras descartaba un grupo de tres cables, por el rabillo del ojo miró el contador cuyos dígitos negros marcaban 3:12.

El jodido traje blindado no era muy cómodo que digamos. Le quedaban dos minutos. Los muchachos siempre bromeaban diciendo que trabajar con él puesto es como nadar con un abrigo de lana, pero no era precisamente un flotador lo que tenía frente a la mesa.

El sudor resbalaba por su frente y la máscara se empañaba ligeramente cada vez que exhalaba. Su pulso estaba disparado a más de 150 pulsaciones por minuto y las sienes estaban a punto de estallarle. Le parecía que el reloj corría a la misma velocidad que su corazón.

Detectó dos trampas, así que marcó los cables con cinta negra para no cortarlos por error, y aisló el único grupo de cables que conectaban el circuito con los explosivos. Ya estaba casi todo hecho, había neutralizado una bateria, descartado cables muertos y marcado las trampas. Pero le quedaban 49 segundos, no había tiempo de buscar el modo de desconectar la segunda batería . Era el momento de manter una reunión con los señores rojo, verde, amarillo y gris, que eran los cables que se introducían bajo el explosivo.

Continuará...

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