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jueves, julio 15, 2004

 

MX981 (1/2)




El olor del café recién hecho invadía la luminosa cocina y un par de huevos revueltos aguardaban a ser devorados. Mientras, en la radio daban paso a la última creación de Glen Miller.
- ¡Eddie! ¡El desayuno se enfría!
- ¡Voy, cielo! -respondió él desde arriba mientras terminaba de ajustarse la corbata frente al espejo. Salió de su dormitorio y bajó las escaleras abrochándose los botones de la guerrera. Al entrar en la cocina su esposa vertía el café en un par de tazas.
- Que buena pinta tiene todo -le dijo antes de besarla en la mejilla-. Úntame un poco de mermelada de fresa en el pan tostado mientras ataco los huevos revueltos por su flanco derecho.
- A la orden, mi Capitán -contestó ella sonriendo.
- ¿Otra vez mojado? -espetó mientras sostenía el periódico en la mano-.
- Sí, cielo. No sé como se las apaña el repartidor, pero siempre acierta en el aspersor. Lo he cambiado cien veces de sitio, pero es inútil.
- Tendré que llamar y poner una queja -dijo el Capitán mientras trataba de abrir el periódico sin romperlo.
- Vamos, Eddie -replicó en tono conciliador-. Regamos después de que lo entregue y listo. Toma, la tostad... ¡Oh! ¡Mierda!
- ¿Qué ocurre? -preguntó apartando la vista de la sección de noticias locales.
- Se me ha caído y he puesto el suelo perdido. Podía haberse caído del lado sin mermelada...
- Tranquila, cielo -acertó a decir entre risas- No es nada que un poco de agua y jabón no puedan arreglar.

Terminó de comerse la tostada que, de nuevo, su esposa le había preparado, y se acercó hasta el fregadero para lavarse las manos. Se secó en un paño blanco que colgaba de la puerta del horno y tomó la taza de café para apurar el último sorbo.
- ¿Vendrás a comer, Eddie?
- No, cielo. Hoy tengo que ir a Muroc, y no regresaré hasta la noche.
- ¿Y qué tienes que hacer allí?
- Podría decírtelo, querida, pero sabes que después yo tendría que...
- Sí, sí -le interrumpió ella- Después tendrías que matarme.
Dejó la taza sobre la mesa y se acercó sonriente a besar a su esposa.
- Hasta la noche.
- No vuelvas tarde, Eddie.
A las 7:57 el soldado de guardia a la entrada de la Base Aérea de Muroc se cuadraba ante el Capitán Edward A. Murphy y elevaba la barrera para que su automóvil pudiera pasar. Aparcó su coche y cogió del portaequipajes un maletín.
Un soldado le esperaba para conducirle hasta el despacho del Capitán John Paul Stapp, que estaba al cargo del proyecto MX981.
- Señor -dijo el soldado que segundos antes había golpeado dos veces la puerta antes de abrirla- el Capitán Edward Murphy ha llegado, señor.
- Hágale pasar.
El Capitán Murphy entró en el despacho y ejecutó un perfecto saludo militar que fue debidamente respondido.
- Supongo que ya estará al corriente de lo que nos traemos entre manos -dijo mientras que con una mano le pedía que tomara asiento-.
- Sí, señor. Sé que están estudiando los efectos de la deceleración sobre el cuerpo humano y que mis indicadores de presión -y desvió la mirada hacia el maletín que portaba mientras decía esto- les serán de ayuda para mejorar la eficacia de las mediciones de las fuerzas G.
- Así es. ¿Sabe que los listillos del M.I.T. se empeñan en decir que ningún ser humano es capaz de soportar una fuerza superior a 18 G? -Una sonrisa burlona floreció en su rostro-. Están equivocados y vamos a demostrárselo.
El interfono zumbó para avisar de que el jeep que les conduciría a la zona de pruebas estaba esperándoles. Ambos se levantaron y bajaron hasta el coche que no tardó en dejar atrás los edificios y adentrarse en el desierto.

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