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domingo, septiembre 05, 2004

 

Helarte moderno

Adolfo apenas podía reprimir la risa y daba codazos a Quique para que se callara. Un par de metros a su derecha y, parapetados detrás de Marga y Sara, estaba Roberto hablando en voz baja con David. Y delante de todos ellos, estaba Bea.

La idea de la visita al Museo de Arte Moderno había surgido unos cuantos días atrás. Bea, estudiante de Bellas Artes, había propuesto hacer algo diferente a lo usual en un sábado por la tarde:

- La semana próxima inauguran una exposición de Griebal A. Uleman en el Reina Sofía. Podríamos ir. Yo me comprometo a explicaros lo que no entendáis.
- ¿Una exposición de quién? -dijo David casi atragantándose con su cerveza-.
- Sí hombre -atajó rápidamente Quique- el delantero del Bayern de Munich.

Cuando las carcajadas perdieron intensidad pudieron escuchar cómo Bea les explicaba a los demás que se trataba de un pintor sueco bastante importante y que ella pensaba ir de todos modos.

- Y después podríamos cenar algo y salir de marcha. ¿Qué os parece?
- Por mí vale -Marga dijo sonriendo-.
- Yo también me apunto -dijo Sara-.
- Bea -inquirió Quique- ¿Cuánto me va a costar la tarde cultural?
- Pues, no mucho. Hacen descuentos a estudiantes y, puede que en tu caso, al ver lo necesitado de cultura que estás, te dejen pasar gratis.
- ¡Puuuuuummmm! ¡Tocado y hundido! -Adolfo gritó provocando las risas de todos, menos las de Quique.




Así que allí estaba Bea, de espaldas a uno de los cuadros de Uleman, hablándoles sobre los orígenes del pintor y de cómo eso influía en sus obras.

- Este cuadro fue el primero que pintó al trasladarse a Londres -explicó Bea con voz de guía de museo-.
- Sin duda es un puntazo de cuadro -soltó Quique.
- Y seguro que marcaría un punto de inflexión en su obra -apostilló Adolfo manteniendo una fingida seriedad-.
- Sin duda -Quique le contestó-. Fue un punto y aparte.

Cansada de tanta cháchara a sottovocce, Bea les preguntó.

- A ver, niños. ¿Qué os sugiere esta pintura?

Los tertulianos se callaron de repente. Posaron la vista en Bea y después en el cuadro, retornando finalmente la mirada hasta los ojos de Bea. Quique fue el primero en responder.

- Mmmmm... ¿Que Uleman estaba de resaca cuando pintó esto?
- No hombre. Lo que pasa -Adolfo explicó- es que de pequeño no tenía dinero para canicas, y eso le traumatizó.
- Hay que ver que gansos sois.
- Pero somos majetes, Bea.
- ¿Y tú qué dices, David?
- ¿Yo? ¡Pasapalabra!

Todos rieron en voz baja una vez más. De repente Sara se alejó un par de pasos y ladeó la cabeza hacia la izquierda antes de pronunciarse.

- A mí me sugiere una mezcla, una combinación. Es como una gota de agua que se adentra en una llama y una chispa que se hunde en el agua.
- O como un grano de arena flotando en el mar y una gota de agua secándose en la orilla -añadió Bea, feliz de que por fin alguien mostrara interés. Lo que no se esperaba era que Roberto se adelantara y opinase-.
- Pues yo creo que el cuadro habla de la soledad. De lo solo que se puede sentir uno rodeado de mucha gente, y de la angustia y asfixia que se puede llegar a sentir.

Todos guardaron silencio mirando aquellos puntos plasmados sobre el lienzo, hasta que Bea pudo salir de su sorpresa.

- Pues... Caramba... La cuestión es que el cuadro se llama Soledad. Sigamos -Bea tomó del brazo a Roberto y continuaron la visita-.

Rezagados, contemplando el cuadro, se quedaron Adolfo y Quique.
- ¿Has visto lo que yo? - preguntó Quique a Adolfo-.
- Sí -dijo sin apartar la vista del lienzo- Ha sido acojonante. Rober ha acertado lo que quería expresar el pintor.
- Mira que eres tonto -contestó mientras le daba una colleja- Me refiero a que a Bea le mola Roberto.

Y mientras cuchicheaban aceleraron el paso para reunirse con el resto del grupo que ya se había detenido frente a otro cuadro.

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