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viernes, octubre 01, 2004

 

Otoño

Ahora que el Sol se lleva el día más allá del horizonte y deja el cielo incendiado de rojo y púrpura; ahora que la brisa hace cosquillas a las olas acariciando sus crestas; ahora que las sombras crecen hasta engullirlo todo, intento recordar cuándo perdí el rumbo.

Elevo la mirada hasta el firmamento, pero por más que busco el norte, no lo encuentro. Polaris se apagó hace mucho tiempo para mí. Y por más que escudriño la negra oscuridad que decora todo, no te veo, no veo tu luz, no veo tus ojos.

Mi brújula gira sin parar, desvariada, torturada, frenética. Tampoco hay mapas ni cartas de navegación, ni planos... Nada. Y mis velas no son más que jirones de tela, trapos deshilachados por las tempestades a los que ni el viento quiere escuchar cómo se lamentan. A la deriva, prisionero de una calma chicha perenne y exasperante estoy.

No sé dónde me encuentro ni hacia dónde me dirijo y, si lo supiera, no creo que pudiera hallar la forma ni de escapar de aquí ni de llegar a cualquier lado. Tampoco sé cuánto llevo así, perdí la cuenta y el Tiempo ya se ríe de mí.

Tan sólo una cosa tengo clara. Es Otoño. Siempre es Otoño...






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increible
 
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